Merluza en salsa verde
(Aunque más bien es marfil)

Quien
dice merluza dice esos medallones que vienen en bolsas de a seis y que se
venden en los congelados bajo la sugerente denominación de "medallones de
merluza". Yo lo compro congelado porque aún no hay pescadería sin pescadero,
como sí ocurre con las carnes, los embutidos y las frutas. La razón de porqué
no hay pescadería sin pescadero la desconozco.
Evidentemente lo que sacas de esa bolsa de plástico una vez llegado a casa no
es merluza, o si lo es, hace tiempo que evolucionaron. Aún así la forma
redonda, el color blanco y la confianza ciega en el nombre de la bolsa nos
nubla la visión, nos ciega la mente, nos atrofia el gusto y lo que es conjunto
de restos de merluzas, sardinas, delfines, el dedo de un pescador y cía se
convierte por arte de autoengaño en una merluza fresca pescada a caña en los
mares del cantábrico y rulada en Avilés entre voces y pujas. Y es que no hay
nada como echarle imaginación.
Como la merluza viene congelada, hay que descongelarla. Por lo general y si no
has tirado ya la bolsa a la papelera, ésta te indica los pasos a seguir para
descongelarla. Los cuales suelen ser muy lógicos, esperar a que se descongele.
Sencillo, ¿verdad? El tiempo que tarda un conglomerado de merluza en forma de
medallón (sin espina central...) en descongelarse no es mucho, si bien es
cierto que es preferible que se saque bastante antes de querer empezar a
comer, que esto no es un plato para salir del bache, sino para dejar flipados
a los comensales.
Mientras se descongela podemos, y debemos, picar cebolla (lo que no es ajo) en
abundancia y ponerla a dorar, es decir nos arrodillamos y le rezamos. Cuando
la cebolla esté dorada la retiramos del aceite colándola o con la cosa esta de
los huevos, espumadera. Curioso nombre para algo que nunca he visto yo que
soltara ni espuma, ni cogiera espuma, ni nada relacionado con la espuma.

Pasaremos la cebolla doradina y ya suave a una pota. Le echaremos un
chorritipiquitirrín de vino blanco (cualquier marca vale, a poder ser la más
barata) y agua, no más de dos vasos. Le daremos caña titiricaña. Veremos como
el vino blanco se evapora unido en un éxtasis con los vapores de la cebolla
elevados por las partículas de agua en ebullición y en ese pleno orgasmo de
materia vaporosa echaremos los medallones descongelados dentro. Desaparecerá
la sensación orgásmica (ya sabéis que los placeres no duran eternamente) pero
veremos satisfechos como el medallón se sumerge en lo que posteriormente y con
los efectos del fuego se convertirá en la salsa verde.
Nunca supe porqué se le llamó verde, quizás porque se le echa un par de toques
de perejil. Aprovechamos la circunstancia para espolvorear sobre la pota (con
la tapa retirada) un poco de perejil y salpimentamos, pero sin pimienta.
Dejamos que cuezca todo a un fuego más cercano al mínimo que al medio, para
que la merluza, o lo que pensamos y creemos, como los niños creen en los reyes
magos, que es merluza se empape bien de lo que será la salsa. Que el vino
blanco, la cebolla, el perejil y la sal se introduzcan en las fibras del
conglomerado pescadil.
Si vemos que el agua empieza a escasear echaremos un poco más, de tal manera
que evitemos que los medallones se peguen, no entre ellos, sino a la pota, y
conseguiremos una salsa más líquida.
Cuando veamos que la cosa ya está para comer echaremos un poco de harina, la
mitad de una cucharilla de café, pero de café es sólo indicativo no contenido.
El contenido es harina. La harina la pondremos en la cucharilla de café y la
echaremos en la salsa de la merluza, de tal manera que se espesará adquiriendo
un toque profesional. Evidentemente, no se nos ocurrirá, jamás de los jamases,
decir que lleva harina. Y si se dice, para quedar de "chic" diremos que es
integral de cultivo ecológico molida a mano por el marido de la
molinera mientras ésta en un frenesí de pasión desmedida se agenciaba al
mulero que trajo el grano de trigo integral cultivado en cultivo ecológico.
Sacaremos los medallones a una fuente más o menos decente y seca. Y sobre los
mismos volcaremos la salsa verde. Y he aquí una receta con lo que se da en
llamar pescado. Y si gusta podemos arriesgarnos a entablar contacto con Rufino
el pescadero para pasar al escabroso mundo del pescado fresco o ese mundo de
las espinas y la limpieza.
Un saludo.