Guisantes con Jamón
(Serrano, se entiende)
Este plato es más sencillo que ir al baño o pestañear. Necesitamos una bolsa
de guisantes congelados, el que quiera ir por el rollo natural y fresco tiene
que ir a una frutería donde los haya, que no siempre los hay y pedir
guisantes, que, por lo general y siempre, vendrán envueltos en vainas, y es
que la madre naturaleza envasa muy bien los productos que nos ofrece. ¿Qué has
ido a la frutería y no tenían? Pero ¿qué te pensabas que el frutero sabía que
el guisante nace de la tierra? El guisante, al igual que la leche y el pollo
es uno de esos productos que rara vez se presentan en su estado natural ante
los clientes, porqué, porque sí, y no le dés más vueltas, por favor.

Si aún así,
quieres seguir por el rollo natural espera a que sea día de mercao en tu
ciudad, villa o pueblo, en este caso a que llegue el frutero en su furgoneta
diciendo: "Fruteeeerooo, fruteeeeroooo, ya está aquí el fruteeroooo. Llevo
manzanassss, naranjassss, pepino de la hueeertaaa. Fruteeerooo, fruteeerooo"
para pedirle que te de guisantes. Ojito, fan del rollo natural, la vaina
también pesa y también se te cobra. Y ojo, fan del rolllo natural. Hay que
sacar los guisantes de la vaina, cómo pelándola. De ahí la expresión. Hala,
natural fashion victim, que te vaya bonito. Ahora a lo que corresponde:
explicar una receta sencilla, fácil y bastante sabrosona y barata.
Tenemos la bolsa de los guisantes dentro del congelador, pues la sacamos. Ese
será el primer paso. Los pondremos en un sitio donde no estorben, pero donde
tampoco no podamos encontrarlos luego. Cogeremos una pota grande (como la de
la foto más o menos)

,
es decir, la que está debajo de todas las demás, porque otra cosa, no, pero
ordenados un rato. La llenaremos de agua sin que llegue tampoco al borde, que
nos conocemos. Y la situaremos en el master fogón, que no es ni más ni menos
que el que cuando lo enciendes una llamarada envuelve la zona como en las
películas. Ahí se hervirá el agua (pop pop pop plop). Y justo cuando el agua
está en su pleno éxtasis echamos, tal y como indica la bolsa de los guisantes,
los mismos a la pota.
Ya, ya. Que son muchos, pero es que el ojo de buen cubero aún no lo domino,
entonces, siempre será mejor por exceso que por defecto. Aún así, creo que el
guisante no es ni como la pasta ni como la lenteja que crece al cocerse, sino
que aumenta muy poquitito; así que hacemos la sencilla operación de echar en
un plato lo que más o menos cada uno pueda comerse (sé generoso), y luego le
quitamos dos cucharadas de guisantes de tal manera que el hueco dejado por los
extraídos lo llenen los dejados al aumentar su tamaño. Es cuanto menos una
buena aproximación al ojo de buen cubero.
Siguen ahí dentro cociéndose. Es divertido ver cómo algunos flotan y otros se
quedan en el fondo. El motivo... lo desconozco. Y aún mnás verlos subir y
bajar en el agua. El motivo... también lo desconozco, y es que la física
nunca fue lo mío.
El tiempo de cocción, muy importante. La bolsa lo indica, así que vuelve a
sacarla de la basura (truco, no seas como arguiñano, nunca tires nada hasta
que no esté servida la comida, pues nunca sabes cuándo vas a necesitar algo).
Al tiempo que nos indica la bolsa le añadimos lo que nosotros queramos, porque
a mí me pasó que por depositar mi confianza en las instrucciones de la bolsa
me encontré con los guisantes más duros que las canicas. Y no hay cosa más
repugnante que morder un guisante. Así que cuanto más cocido salga el guisante
de la pota mejor. Por ello deberemos comprobar su dureza. Cogeremos con una
cuchara de acero, que las de madera al parecer pueden llevar bacterias, y
cogeremos un guisante. Como ya se dijo, evitaremos morderlo, pues es muy
desagradable la sensación de morder la bolina verde. Así que lo
estrapallaremos con una cucharilla de postre. Que ofrece mucha resistencia,
pues siguen cociendo, que apenas ha resistido, sino que ha claudicado, pues
dos minutos más y los retiramos.

Para retirarlos
necesitamos de un colador de estos grandotes, o en su defecto mucha paciencia
y una cuchara. Volcamos con cuidado, eh, que nos podemos escaldar, es decir
quemar con agua hirviendo, el agua y los guisantes sobre el colador grandote y
observaremos como por esas cosas de la vida el guisante se queda y el agua se
va. Separación dolorosa pero necesaria. Ahí los dejaremos como reposando en su
soledad. Unos encima de otros y todos ejerciendo presión sobre los de abajo.
Víendolos da la sensación de que son vejetes en una de estas inauguraciones
donde dan pinchos.
Ahora, aunque se recomienda hacerlo mientras cuecen los guisantes, freiremos
el jamón y un poco de ajo para que le dé un poquillo de regusto. El jamón
serrano es lo que no es jamón york, es decir, presenta un color grana, vetas
blancas y un borde grasiento blanco. Se puede comprar en la charcutería sin
charcutero envasada al vacío o bien en la charcutería del súper. Yo me decanto
por la segunda opción, pues la primera tiene como inconveniente que es, además
de más caro, muy difícil sacar las lonchas de jamón; manchándose entero.
Trocearemos tres lonchas de jamón serrano y las echaremos en la sartén donde
ya estaban dorando el ajo que hemos picado. En menos de un padre nuestro o un
cara al sol ya está hecho el jamonshito. Es entonces donde viene la fase de la
unión eterna entre guisante y jamón.

Volcaremos de
nuevo los guisantes sobre la pota donde se cocieron y en ella echaremos el
jamón y el ajo. "Arremovemos" todo bien para que no haya más de diez guisantes
sin su correspondiente trocito de jamón y ajo. Para darle una mejor presencia
espolvorearemos un poco de harina, es decir, cogeremos una cucharilla de
postre con harina y en posición paralela a la pota le daremos con el dedo
índice de la mano izquierda, pues con la derecha sujetamos la cucharilla, unos
suaves golpes que vayan haciendo caer la harina a modo de lluvia alba, pues la
dorada es de otro tipo. Evidentemente, y huelga decir esto, hemos de hacer
movimientos circulares sobre la pota para que la harina vaya cayendo por todas
partes. Concluido esto volveremos a "arremover" y ya estrá listo para servir y
degustar.

Que aproveche.
