LA CENA DE NOCHEBUENA

Nochebuena. Si no
tienes suegra, abuela, madre o mujer que te prepare ese cordero al horno con
esas patatas fritas a la romana y ese olorcillo, que invade toda la casa hasta
que desaparece esófago abajo (transformándose, por cosas de la ciencia, en un
olor no tan intenso, pero sí distinto y socialmente rechazado), no te
preocupes porque tú serás capaz de ofrecer unos platos dignos del momento,
pero sobre todo ricos, no ya en lo monetario sino en lo sensorial.
En Nochebuena es vital el lugar donde se va a comer. El comedor del hogar. En
esos escasos metros cuadrados tendrás que ingeniártelas para colocar a todos
los que van a opinar de lo que tú les prepares, con todo el amor y esfuerzo
que ello supone. Vendrá tu cuñado y su atractiva esposa, pero cuidadín que es
tu hermana y no estamos en fechas para mucha sodomería. También se acercarán a
tu hogar, castillo inexpugnable, tu suegra, la madre de tu esposa, a la que
quieres mucho pero que no es tan atractiva como la esposa del cuñado de ella,
es decir su hermana, con la que hiciste la carrera, y gracias a la cual
conociste a la que hoy es tu felicísima esposa. Claro que es feliz de cara a
la galería, porque ella también anda esperando a que llegue tu hermano, el
soltero, del que todo el mundo dice que es homosexual, pero que ella, antes de
conocerte a ti en una exposición sobre el arte Renoirista organizada por tu
amiga de la facultad que resultó ser su hermana, lo había catado, como a los
vinos, quesos y demás comprobando en sus carnes, generosas, a la par que
firmes, que de maricón tenía lo que tu madre siempre defendió: nada.
Ding dong. Tu madre. Ella será la más exigente y dura crítica. Ella
te ha enseñado todo lo que sabes. Si tú fracasas los comentarios posteriores a
la cena se dirigirán, irónicamente, con dosis de alta crueldad, hacia las
dotes culinarias de tu amadísima madre. Lo mejor, y visto el posible ambiente,
es que te decidas por una cena íntima con tu cuchicuchi y tus dos churumbeles,
Lucas y Gabriel. Angelicales ellos.
Menú para cuatro personas. Nadie va a traer un "taper" con comida casera, ni
una botella de champagne o sidra "el gaitero", o unos embutidos ibéricos.
Estás sólo. Y tu misión es dar de cenar a tu familia. No les defraudes. Es
Nochebuena...
Como de horno no tenemos mucha idea vamos a preparar cosas de sartén.
Necesitaremos comprar lo que vamos a cocinar, porque está muy feo el robarlo.
Si somos previsores habremos comprado todo con la antelación suficiente para
que el precio no convierta la cena en disparatada e impropia de momentos tan
cristianos como los que atravesamos rodeados de comida, alcohol, consumismo y
desenfreno.
El primer plato será un entrante, es decir que entra. Por tradición
finisecular los entrantes suelen ser embutidos o mariscos. Como para marisco
no tenemos, prepararemos unas bandejitas de fiambres y embutidos, cuya
diferencia desconozco, pero que, sin embargo, un fiambre es un cadáver y un
embutido es un tío metido en un butido, que tampoco sé lo que es, pero uno
siempre está dispuesto a aprender.
Hay que cocer 4 huevos. El objetivo es obtener cuatro huevos cocidos. El huevo
cocido es ese que ni es frito, ni es revuelto, ni roto, ni estrellado (hay que
ver la de violencia implícita que hay en el mundo de los huevos).
¿Cómo cocer los
cuatro huevos? Cogeremos una
potina donde quepan los cuatro
(también se pueden cocer por separado, pero no es bueno hacer distingos). La
llenaremos de agua, si tenemos caliente mejor, que así hierve primero. Como
habrá observado el lector agudo, es importante que el agua hierva. Así que la
pondremos a hervir. Mucho fuego, a toda caña titiricaña. En el momento que
aquello que era líquido siga siendo líquido, pero con mucha burbuja e
inestabilidad, podremos decir que ya está hirviendo. Será en ese momento
cuando depositaremos con cuidado (básico y muy importante) cada huevo dentro
de la
potina. Para hacerlo delicadamente, como sólo un huevo de
"pitas-pitas" se merece, lo pondremos sobre una cuchara sopera y, poco a poco,
introduciremos la cuchara y el huevo en el interior del hirviente agua;
depositándolo en el fondo. Repetiremos la operación con el resto de huevos, en
concreto tres más. Una vez que estén todos allí metidos lo dejaremos hervir un
tiempo indeterminado. Dicen que 12 minutos, dicen que cuando estén duros
(¿alguna vez han dejado de estarlo?), dicen que... Como todo este mundo gira
en torno a la superstición de las típicas frases de: "
mi madre lo hacía
así", lo que tendremos que hacer, para saber el tiempo exacto, será
llamar a nuestra madre y preguntárselo; ocasión en la que aprovechará para
echarnos en cara que desde que conociste a tu actual esposa ya no te acuerdas
de tu santa madre, salvo para cuando quieres cocer huevos. ¡Ay de ti el día
que te falte tu madre! te espetará.
Ya sabemos el tiempo. Mientras la yema y la clara del huevo se van
solidificando con la forma ovoide del recipiente en el que se hayan, lo que
haremos será ir preparando el resto de cosas. Por cosas entenderemos los
embutidos. Embutidos de Navidad. Sondear los gustos de los tuyos. A la mujer
le gusta el queso semicurado García Baquero, el de los quesos; a los niños les
privan las aceitunas rellenas, a poder ser la española, una aceituna como
ninguna, y a ti te va todo. Por tanto tendrás que acordarte de comprar latas
de aceitunas (por lo general son cilíndricas) y un queso semicurado García
Baquero, el de los quesos (negro por fuera, color crudo traje de Letizia por
dentro). Además habrás de comprar chorizo cular (20 finas lonchas), lomo
hibérico (15 finas, finas lonchas). Lo de la "h" es porque así es más barato.

También deberás
adquirir en la charcutería (donde no hay pollos desplumados, ni merluzas
plateadas) jamón york, que a los niños les gusta y con el huevo cocido haremos
una provocación de
nouvelle cuisine, (15 lonchas, también finas,
aunque tampoco te pases escatimando que después quedan todas pegadas entre
sí). Como te gusta, es barato, y está a buen precio, comprarás salchichón, del
de pamplonica. También date el lujo de comprar cecina, que siempre da buen
sabor. Y, jamás te olvides de comprar el veteado jamonshito de la sierra de
grazalema (4 rajas, olerlo y hasta las próximas navidades, que para eso el
jamón se conserva tan bien).
Hay carapijos y derrochadores que compran caviares, o sucedáneos, que
desembolsan euros y parte de sus riñones por comprar huevo hilado (que es una
mariconada, con todo el perdón de tu hermano), que adquieren embutidos
exóticos en plan cabeza de jabalí a las finas hierbas. De esas tonterías de
las finas hierbas, nada. Lo único fino: las lonchas de lomo y tus modales,
siempre tan exquisitos.
Con lo adquirido tenemos para hacer una modesta, pero no menos sabrosa, fuente
de embutidos. Como estamos en fechas de aparentar, aunque sólo sea ante tu
felicísima esposa (anhelando a tu hermano, el supuesto gay que no es tal) y
tus dos angelitos, hay que preparar la bandeja de manera que no den ganas de
estropearla y así el embutido dure más. Es por eso que hemos de estar dotados
de ese sexto sentido que es la creatividad. Cualidad que sólo unos pocos
poseemos, pero que gracias a mi excelsa generosidad todos podréis poseer. Ante
la fuente, redonda o elíptica (rollos de feng shui o arte oriental para los de
Parla), dispondremos en el centro las 4 rajas de jamón. Es decir, de dentro a
afuera se situarán los embutidos, de más caros a más baratos, pues está
demostrado que el embutido se empieza a comer por los bordes y, en progresión
se va a uno introduciendo hasta el centro. Si tu felicísima mujer da la idea
de que mejor servirse un poco de cada uno, tú replica que no, que estamos en
familia y que no son necesarios formalismos, con la mano (insiste, mañana es
Navidad y la cecina y el lomo han de llegar).
Como los huevos están ya a punto de cocer lo que haremos será coger las
rajas de jamón york, las frías, rosas y un tanto blandas al tacto. Cogeremos
de la nevera un bote de mayonesa, la marca es lo de menos, siempre lo
principal es la economía, así

que si no
tienes la tarjeta del MAKRO, y no puedes ser dueño de 20 recipientes de 5
litros de mayonesa, lo que has de hacer es comprarla en el DÍA o en el LIDL,
porque ya sabes que si compras caro es porque quieres, derrochador. Eso sí,
advertencia: asegurarse siempre del estado de la mayonesa antes de comerla.
¿Cómo? Abriendo el bote, oliéndolo (a poder ser por donde la boca del bote
no por los extremos cristalinos), y finalmente saboreando un poco de la
mayonesa. Si está agria, un poquillo ácida, o no sabe bien, en resumidas
cuentas, reserva ese frasco para cuando venga tu suegra en Nochevieja. A
quienes más se les quiere, siempre lo mejor.
Mayonesa, jamón york y huevos cocidos. A esto añadiremos un poco de perejil
(para que haya algo de verde, no porque le dé un sabor más allá de lo
normal). El plato que nos disponemos a hacer es muy elegante, tipo "Carl
Gable", el de las orejas de lo que el viento se llevó. Para quedar bien ante
vuestra familia podéis deci

r
que la receta es de Ferran Adrià, un cocinero catalán muy conocido (es el de
la afoto, pero claro que a día de hoy tiene más pelo. Indudable que no están
en ninguno de los platos que sirve en el bulli). Claro que si vuestra
esposa, la que espera ansiosa el día de Nochevieja para sentir, durante la
cena, el cálido roce bajo el mantel del pie de tu hermano, el gay, que no es
gay, como te acabas de enterar; como decía, se pone un poco tiquismiquis,
porque puede coincidir que sea uno de esos días en los que las mujeres se
ponen especiales, y te suelta que eso no puede ser verdad, le dices que sí,
que sí que lo leíste en su página web, de la que tuviste que hacerte usuario
para poder leerla. Aprovecha, de paso, la coyuntura para reafirmar ante los
niños (tan buenos jueces ellos) la maravillosa inversión que ha supuesto
para vuestro hogar la contratación de la tarifa plana adsl de internet,
aunque tú realmente la uses para chatear con la hermana de tu mujer, aquella
con la que hiciste la carrera y otras cosas, que por decencia cristiana no
voy a desvelar, porque eso queda entre tú y yo, aunque realmente yo te he
creado a ti y puedo hacer contigo aquello que me plazca, incluido cambiarte
tus recuerdos. Pero como estamos en buenas fechas no seré cruel. Así que
sigue cocinando.
Para sacar el huevo cocido del recipiente en el que se ha cocido primero
habremos de apagar el fuego, retirar la potina, sacar el agua y poner los
huevos a enfriar, los tuyos no que estás cocinando: los de la potina (vete
al baño y lávate las manos, por favor). Para enfriar los huevos has de
ponerlos bajo el grifo, obviamente del grifo ha de salir agua, fría, para
que enfríe. Como buen alumno que eres te preguntarás el porqué de enfriar
los huevos cocidos. Para que tú mismo encuentres la respuesta deja sin
enfriar uno de ellos y cuando acabemos de pelar los demás, retomamos a este
huevo apartado.
Pelar un huevo cocido. Cuando ya está más o menos frío lo cogemos con la
mano izquierda si eres diestro y con la diestra si eres siniestro, es decir,
zurdo, o lo que viene a ser izquierdo. Con la misma cuchara con la que los
depositaste tiernamente en la potina los golpearás con saña y rabia, con
precaución de no darte en la mano. Lo golpearás cuantas veces sean
necesarias hasta que consigas provocar un agrietamiento en la superficie de
la cáscara. Cuando ya hayas fracturado la cáscara irás retirando, con
cuidado de no romper el huevo, el resto de fragmentos que recubren la clara
cocida del huevo cocido. La clara, para aquellos que empiezan, es lo blanco
y suave. ¿Dónde está la yema os preguntaréis? Dentro, ya saldrá, no hay
prisa.
Uno tras otro los iremos pelando. Liberándolos de la opresora cáscara,
frontera entre la célula oval y la libertad exterior. Ahora que los hemos
pelado todos cogeremos aquel que no habíamos enfriado. ¿Qué? Bien, ¿no?
Golpéalo, sin problema, ¿verdad? Quítale la cáscara. ¿Qué?, ¿ahora qué?, ¿ya
sabes porqué hay que enfriar los huevos cocidos?
Con los cuatro huevos cocidos haremos un puré de huevo cocido, es decir, los
destrozaremos y el resultado será una masa blanco amarilla a la que
echaremos un par de cucharadas de mayonesa, y un poco de perejil. Untaremos
cada loncha de jamón york con una fina capa de esta masa. Cuando esté
cubierta lo que haremos será enrollar la raja, de manera que quede un
cilindro. Para que no se despegue lo que haremos será pincharlo con un
palillo en sus dos extremos, a poder ser de los palillos glamourosos estos
que son por un lado pincho y por otro empuñadura. Nunca, nunca, pero jamás
usar palillos planos. Es preferible que se despegue a usar los palillos con
los que tu difunto padre, que en paz esté el bendito, se hurgaba entre los
dientes de la dentadura postiza. Acción inútil al ser postizos y no sentir
nada en las encías, pero que, por tradición, costumbre y escasos modales, tu
padre siempre conservó hasta el día de su muerte.

salud
Ya tenemos los entrantes, embutidos y aceitunas y rollito de jambon á
l'oeuf cuisine. Pasamos, irremediablemente al segundo de los
platos. Pero antes, y como gran detalle del cocinero, distribuirás a los
comensales unas tostas de pan con revuelto de frutos del mar y champiñones,
un sucedáneo económico del siempre sabroso revuelto de setas con gambas.

Las
barritas de mar merecen un capítulo a parte, pues nadie conoce el origen de
este cilíndrico manjar, y mucho menos su composición, y ya sería la repera
que alguien supiera quién fue el que introdujo en nuestro país los rollitos
de "marisco" blanco tintados por uno de sus lados de un rojo crustáceo. Por
cierto, dato intelectualoide para fardar ante la suegra y tus cuñados y
cuñadas, estas barritas de marisco se llaman SURIMI. Y si queréis saber más
al Google.
Cómo hacer estas tostas que servirán para quitarse el sabor de los
embutidos, siempre tan fuerte y repetitivo. Sencillo. Cogeremos pan tipo
BIMBO. Lo tostaremos en la tostadora, si no tuviéramos, la compraríamos,
porque si tengo que explicar cómo se tuesta una rebanada de pan tipo BIMBO,
es decir, de molde, sin tostadora podría tirarme aquí horas y horas
haciéndolo, ocupando un espacio vital que, ahora mismo, estoy
desaprovechando en explicaros algo que no debería hacer, pero en fin, así es
uno.

Lo bueno de
adquirir la tostadora es que además serviría de regalo para tu mujer, no
porque quieras que haga tostadas, como cuando le regalaste la aspiradora y
te dijo que si te parecía que la casa no estaba limpia, sino porque así los
niños podrán decir en la escuela que además del vaso de leche del DÍA
tomaron tostadas, lo cual queda muy chic, palabra que a tu mujer le encanta
y le hará tilín, apartándola, por un momento de los lujuriosos pensamientos
con su cuñado, tu hermano el gay, que como el lector agudo ya sabe, al igual
que tu mujer, no es tal.
Como siempre me suele ocurrir, haremos esto mientras elaboramos el revuelto
de barritas de mar y champiñones. Como es una especie de casse-crôute,
es decir, piscolabis, no necesitaremos más que dos huevos. No de los
cocidos, sino de los del recipiente de a docena, que alguien me tendrá que
explicar porqué los huevos se venden en docenas y medias y no en decenas y
medias decenas. ¿Por qué? La verdad está ahí fuera. Bien. Batiremos los dos
huevos. Ahora los cascas y bates la yema y la clara de ambos huevos a la
vez, de manera que el resultado sea de color naranja palo (que no sé que es
eso del palo de los colores pero se usa mucho).

Cogerás
las barritas del mar y las cortarás, más o menos con un grosor de 1
centímetro y medio, queréis precisión, tomad precisión. Cortaremos unas
cinco barritas. Si veis que hay más barritas que huevo pues os coméis los
trozos sobrantes, pues incluso en fase de descongelación estas barritas
saben bien. Posteriormente abriremos la lata de los champiñones. Huelga
decir que también se pueden comprar los champiñones al natural, pero no
queremos trabajar más de lo necesario. A ser posible que sean champiñones
laminados, es decir, que ya vengan cortados y no enteros. Sí, ya lo sé, no
estamos haciendo mucho, pero por lo menos aún no han puesto a la venta el
revuelto de barritas del mar y champiñones, aunque tiempo al tiempo. Así que
trabajar, sí que estamos trabajando algo. En la lata están los champiñones
laminados. La abrirás con el abrelatas (si te das cuenta, dada la simpleza
de algunos hombres y mujeres en las tareas domésticas los inventores han
recurrido al sistema anglosajón de denominar las cosas usando varias
palabras, ejemplos como el sacacorchos o pasapuré, o denominándolas según
la función que hagan, así tenemos batidora (que bate que bate, el chocolate.
Mayonesa, ella me bate como haciendo mayonesa...), picadora (que pica, como
tu hermano con tu esposa), rallador (que ralla, como tu jefe)) (cerramos
paréntesis). Echarás sobre el huevo batido (el huevo se bate con el tenedor
y un plato hondo -no flamenco-) y los trocitos de barritas unas cuatro
cucharadas de champiñones laminados (imprescindible). Lo arremueves todo
bien, de manera que no se concentren unos en un lado y otros en otro. Todos
juntos, como hermanos, miembros de un mismo revuelto. Pones una sartén con
un poco de aceite, ya que estamos en navidad usa del limpio, anda. Lo
calientas, y cuando esté caliente, es decir cuando tú creas que está
caliente echas todo lo que esté en el hondo plato a la sartén y lo remueves
todo de manera que impidas que aquello que está en la sartén adquiera forma
de tortilla francesa. Hay que revolver con un poco de gracia y ya está. En
un plis tendrás hecho el revuelto.
Plin, plin, plin, plin... Maravilloso sonido el de la tostadora indicándote
que el pan tipo BIMBO ya está tostado. Sobre ellos irás colocando revuelto,
de manera que el resultado sea un montoncito de revuelto sobre una tostada
de pan. ¿Y lo aguanta? Este pan lo aguanta todo. Semilla de Oro, el pan
que lo aguanta todo ¡Qué grande es la publicidad!
Entramos ahora en la parte final de la receta, supongo, porque en esto del
escribir uno sabe cuándo empieza, pero no cuándo termina. El revuelto que
hemos hecho va a sentar muy bien en los estómagos. Los asienta y deja una
sensación agradable en el paladar, no comparable con la del flúor, por
supuesto. Hemos de comenzar la elaboración del segundo plato. Previamente
hemos de pensar qué vamos a poner a nuestra queridísima esposa, cómo la
queremos, a rabiar, redios, qué grande es el amor y lo hermoso que es
proclamarlo en estas fechas, y nuestros dos angelitos, Lucas y Gabriel.
Podemos no complicarnos la vida, y yo no escribir más, y ponerles una merluza
en
salsa verde.
Podemos, yo realmente hablo en plural, pero quien cocinas eres tú, porque ¿no
pretenderás que, además de hacerte conocedor de mis más altos secretos
culinarios, te lo cocine yo? Ni hablar. Yo cobro desplazamiento y no recibo ni
desnudo ni rasurado. Ya está, vamos a hacer unos escalopes de filetes de
ternera clase A, super super tiernos y rosados, con guarnición de champiñones
y demás cosas sacadas de latas. Obviamente, las patatas fritas no van a
faltar, así que dile a tu esposa que te vaya pelando la patata.
El escalope con patatas fritas y su guarnición es algo sencillo de hacer y
bien colocado en el plato da el pego para una cena navideña. Cuando me termine
de leer "Mil y un recetas de todo el mundo para horno eléctrico, siempre y
cuando haya electricidad en esas partes del mundo que posibiliten la
instalación de un horno eléctrico" ya incluiré recetas como el cordero,
el pollo relleno y demás cosas que se pueden hacer en un horno.
Latas que necesitaremos: de pimientos, de guisantes, de champiñones, esta vez
no laminados, y de zanahorias. Realmente podemos comprar un bote o lata de
"macedonia" de verduras que se vende en el súper para hacer guarniciones y
ensaladillas rusas. En dichos recipientes encontrarás todo lo necesario para
hacer una más que sabrosa guarnición. También puedes recurrir al siempre
incaducable bolsón de verduras congeladas, pero como hay que cocerlas sin
necesidad de esperar a que descongelen (lo que ha avanzado el mundo, no hace
falta esperar a que descongelen...) y nosotros lo que queremos es rapidez,
aunque tu mujer te pida como mínimo 15 minutos, optaremos por la lata o bote
de verdurillas varias. Por desgracia, o porque aún no se ha inventado, el
champiñón no viene incluido, al igual que las pilas de muchos juguetes; así
que en lata. Ahora que lo pienso. Antes, cuando dije que vuestra esposa os
pelara la patata, me refería a que cogiera el cuchillo y quitara la piel del
tubérculo, previo lavado, salvo que seas de estos que las compran superlibres
de ácaros y terruño. Huelga decir que no pasó por mi mente, aunque quizás sí
por la tuya, el que vuestra amantísima esposa realizara labores da bajos en la
cocina, por decirlo de una manera dulce a la par que clara.
Cogeremos una pota media, es decir, la que no es pequeña, ni la que tiene dos
asas, sino la más grande de las que tienen mango. ¿Me sigues? En ella
doraremos cebolla. Para ello picaremos la cebolla, que si recordáis es lo que
no es ajo, en trozos más o menos pequeños, porque no pretendemos una
vinagreta. ¿Cuánto picamos? Buf, vaya pregunta, me pone usted en un
aprieto..., aunque como dicen los políticos tenía ganas de que me hiciera
usted esa pregunta, y gustosamente se la contesto. Picaremos tanta cebolla
como quepa en el fondo de la pota. Para que quede claro, hay que hacer del
fondo de la misma un horror vacui. Le echaremos un
chorritirritirritín de aceite, del limpio, recuerda, de tal manera que éste
empape bien a toda la cebolla. No me seas tampoco rácano con el aceite y echa
del de oliva virgen puro extra acidez superior y tacto aterciopelado. Para que
la cebolla dore hay que ponerla a fuego lento de manera que absorba el aceite
y suelte ella lo que tiene que soltar, que no sé lo que será, pero que da un
saborcillo muy rico. Hay que evitar que se queme o quede pegada, de ahí lo del
mínimo y el revolver periódicamente con una cuchara de madera, aunque ahora
recomiendan las autoridades sanitarias que sea metálica, por eso de la asepsia
o la madre que lo parió, pero siempre es preferible que Lucas pille una
gastroenteritis a tener que sufrir tú la dentera que produce el roce de metal
contra metal (quien detiene palomas al vuelo...).
Hasta que se dore la cebolla, acción que puedes ejecutar mientras realizas el
revuelto, vete poniendo la mesa con ayuda de tus hijos. Es decir, llámales y
diles que pongan la mesa. Como tu mujer te está pelando la patata, la cebolla
está dorándose y el revuelto está casi terminado, el pan está tostándose, los
embutidos están colocados, los rollitos de jambon á l'oeuf cuisine
también, y tus hijos, obedientes, detente un segundo a disfrutar con la
contemplación de tus capacidades como hombre de cocina. La superioridad de
aquel que sabe hacer más de una cosa a la vez sin que ello afecte al resultado
de las mismas. Venga, despierta y vete a la nevera, donde se supone guardarías
los filetes de ternera de clase A súper súper tiernos. Como aún estén en el
carro de la compra malo. Sácalos de la nevera y déjalos en la meseta,
superpoblada en estas fechas, pero eso no es culpa tuya, sino de tu amantísima
esposa que, como no sabe lo que es la cocina y no le gusta cocinar, prefirió
más espacio en los armarios a dejarte a ti una amplia meseta, donde colocar
todos tus cacharretes y útiles, para desarrollar esto que es tu arte: la
cocina.
El escalope es un rebozado, bien exclusivamente con harina o bien
exclusivamente con pan rallado. Es recomendable empanarlo, porque así el pan
absorberá la salsilla que consigamos sacar de la guarnición y sabrá mejor aún
si cabe. Para el rebozado hemos de batir dos huevos, de primeras, aunque si
vemos que nos vamos quedando sin huevo batido donde empapar el filete
cascaremos otro, y sin mayor problema. Cuando todo esté batido y bien batido
cogeremos un plato llano bastante grande donde espolvorearemos pan rallado.
Cogeremos un filete, lo salaremos, eso ya va al gusto. Yo, por lo general,
sólo lo salo por una de sus caras, ya que si me sale muy salado me como la
otra (inteligente, ¿verdad?). Tras salarlo lo meteremos en el plato donde esté
el huevo batido. Allí haremos que se dé un baño. Cuando haya acabado de
bañarse, y antes de que se seque, lo posaremos en el plato del pan rallado, de
tal manera que al huevo se adhieran las pequeñas partículas de pan. Vuelta y
vuelta y a la sartén, a la que previamente le habíamos puesto un chorritirrín
de aceite del limpio a calentar. Procuraremos que no nos salpique el muy
cabrón y para ello le colocaremos una tapa ad hoc que se vende en los
veinte duros, aunque realmente, y con esto del euro, ya lo de las cien pelas
quedó muy lejos.
Se irán friendo uno tras otro. Si viésemos que el aceite del cuarto filete
está ya muy lleno de impurezas lo retiraremos y echaremos otro chorritirrín
del limpio. Mientras se van friendo los filetes, también, con esa capacidad de
multiprocesador que te caracteriza, irás haciendo la guarnición. La cebolla
estará dorada, y le echarás un chorro de vino blanco, cuanto más bueno sea el
vino mejor, pero tampoco hace falta que sea mejor que uno de brick (o
como se diga). También echarás toda la verdurilla y los champiñones allá, en
el más absoluto de los desórdenes. "Arremoverás" para que la cebolla y todo se
reparta, más o menos por todos lados y seguirás dejándolo a fuego lento. Si
ves que se empieza a quedar seco le echas una pequeña cantidad de agua, del
caño vale. Cuando veas que presenta un aspecto propio del de un restaurante lo
retiras del fuego y lo echas en una fuente de la que luego cada uno irá
cogiendo lo que le apetezca. Y la cena ya está preparada. ¡Ah, las patatas
fritas! No os preocupéis, sacadlas del congelador y freídlas en la freidora.
¿Y las que estaba pelando tu amantísima esposa? Pues no pasa nada. Lo
importante es que ella se sienta útil y deje de pensar en tu hermano. Le dices
que las guardas para unos cachelos con tomate y que fría las Mccain. Ella lo
entenderá, porque le privan los cachelos.
Bien. Ya está todo bien dirigido y rumbo a buen puerto. Sólo nos falta
preparar la bandeja de los turrones, pero sobre el arte del turrón, la
peladilla, la uva pasa, el higo seco, la fruta escarchada, la gloria, la
almendra y el siempre seco, pero sabroso, polvorón, se hablará en otro
capítulo aparte. Tan aparte como se queda la rosca de vino en las bandejas de
Navidad.
Un atento saludo de este servidor de Dios y ustedes.

mcluhan@marujos.com